viernes, 14 de septiembre de 2007

Capítulo I

Capítulo I

La patrulla se movía rápidamente entre los senderos interminables, estaban perdidos, ya no parecía haber salida, habían caído sobre ellos y los habían obligado a replegarse por todo el bosque, ese era el problema de combatir en el norte, aquellas montañas levantadas, según la leyenda, por Ancor hacía muchos años para proteger el valle del Sden, aunque aun seguía viviendo gente allí y mucha por demás, esas montañas se interponían entre ellos y los rebeldes que se refugiaban en aquellos bosques fríos e interminables y de inmensos árboles, sólo las tierras cercanas al sur y a las costas cerca de la Bahía de Haralom eran en verdad hermosas y cálidas, y los rebeldes estaban destrozando todo en continuas revueltas, era todo un caos, levantamientos en todas partes, casi todos silenciados, menos el levantamiento en el norte desde donde los rebeldes se proponían tomar toda Haralom en una invasión, armados con arcos y flechas, con espadas y mazas y algunos cuantos con armas de fuego y algunos fusiles, pero lo que en verdad les estaba tocando las narices era aquel estancamiento en el norte en la Línea de Rombel, pues en una feroz embestida de los ejércitos del norte les habían obligado a retirarse desde sus tierras al sur de Soulom hasta Sondai y Belcart y apenas y pudieron resistir y durante un tiempo fue así hasta que todo se estancó; y era allí en dónde Perdy había sido conducido y tras una patrulla común y corriente con los problemas comunes y corrientes y las mismas bajas que ya eran comunes y corrientes, se encontraron con todo un destacamento que les emboscó y mató a más de la mitad, apenas y pudieron salir y replegarse de aquella pesadilla en donde flechas volaban de todos lados y nadie supo de dónde estaban disparando; si alguien les perseguía o no, no lo supieron, ni se detuvieron a comprobarlo, y entonces entraron en una región de mucha niebla mientras bajaban por el sendero y se toparon con un riachuelo, allí se extraviaron y Perdy quedó solo mientras trataba de buscar el sendero que había perdido al llegar al curso del riachuelo, era definitivo, se dijo, estaba perdido.
-¿Quién esta allí?
La pregunta le sobresaltó, no podía ver a nadie, pero la voz había sonado varios metros delante de él; ahora si que estaba perdido, había llegado seguro a un campamento rebelde o algo así.
-¿Quién está allí? –llamaron de nuevo, y esta vez Perdy escuchó el sonido de una hoja desenvainada y como alguien cargaba un fusil, y también unos murmullos apresurados en una lengua que desconocía, la lengua de los rebeldes del norte quizás, los que vivían en Soulom, que según había oído hablar, usaban un acento bastante raro.
-¡No disparen! –se apresuró a decir, pero nada más le vino a la mente ni se atrevía a hablar.
-¡Muéstrese! –demandó la voz, Perdy obedeció y se fue acercando lentamente con las manos en alto, su espada envainada en una mano y su fusil en la otra, distinguió la silueta de un hombre de cabellos largos y vistiendo lo que parecía una capa con la capucha echada atrás, sostenía una espada y a medida que se acercaba vio que una profunda cicatriz le cruzaba el rostro de parte a parte y que sus ojos brillaban con intensidad, casi con brillo propio, pero pensó que esto ultimo debía ser su imaginación. El hombre soltó una seca carcajada.
-¡Miren, es un soldado imperial! Adelante chico, te estábamos esperando, has tardado en encontrar el camino, Gold y Dárhalam me deben una entonces.
Perdy no entendió mucho de aquello, pero sea lo que sea no parecían enemigos, bajó sus brazos y les siguió, decidiendo omitir aquello de que le estaban esperando.
-Disculpen –dijo- pero una emboscada calló sobre mi compañía y...
-Sí, sí, sabemos lo de la emboscada muy bien, lo oímos desde aquí, armaron gran alboroto; adelante, somos de las tropas de su Majestad, puedes pasar la noche aquí, los rebeldes no llegarán hasta acá, estamos al sur de la Tierra de Nadie.
Perdy pasó al centro del campamento donde los restos de una hoguera aún humeaban y unas pocas tiendas se extendían sobre el suelo poco más allá de la pedregosa rivera del riachuelo que canturreaba.
-Soy Diem, -dijo el hombre de la cicatriz, Perdy vio que sus vestimentas se parecían mucho al de la guardia real, la capa gris oscuro y el broche de plata que la sostenía, unos guantes de un oscuro rojo y unos ropajes pardos con botas de cuero, pero las vestimentas de la guardia real eran de un azul más vivo en la camisa y el pantalón era de un rojo oscuro más intenso a ese color que tendía al vino tinto y era más pálido; Diem señaló al resto del grupo que habían salido de sus tiendas- ellos son Von, Jamer, Sonds y Loriant.
Von y Jemer eran evidentemente de la guardia real, se fijó él al acercarse para estrechar sus manos brevemente, pero Sonds y Loriant parecían más bien de la tropa rebelde, sus caras se veían agitadas como si hubieran corrido mucho, por otro lado, daban la impresión de que habían estado a la intemperie mucho tiempo, sus capas estaban raídas y sus botas de cuero negro estaban desgastadas en la punta, sus capas también se abrochaban con un broche de plata, sólo que este tenía la curiosa forma de un águila, sus apariencias le inquietaron un poco, pero ya no podía hacer mucho.
-Puedes dormir en nuestra tienda, ya casi es de noche, y ya que estamos completos partiremos mañana. –anunció Diem.
-¿Estás seguro de lo que dices? –dijo Loriant.
-Por supuesto, Gold nunca se ha equivocado en sus asuntos, y si Dárhalam le apoya no tenemos de que dudar, además todo ha salido como ellos han dicho.
-Si tú lo dices...
Sonds, que se había alejado hacia los caballos que estaban al final del campamento atados en un árbol en silencio, regresó entonces y le miró fijamente, y esta vez no le cupo duda de que algo brillaba en sus ojos y no era el reflejo de nada, era una luz plateada como la luna y roja como los destellos del fuego, aunque destellaba débilmente, y mientras las observaba sintió como un calor le recorría el cuerpo fugazmente, pero el frío devino casi de inmediato y esto le pareció mas bien un escalofrío.
-Seremos francos con tigo chico, -dijo mientras se acercaba con una expresión decidida en su rostro y tras haber intercambiado una fugaz mirada con Diem- hemos venido a llevarte a Haralom, necesitamos tu ayuda, no desertarás, Diem y Gold se encargarán de arreglar ese asunto, -echó una rápida mirada a Diem y pareció cambiar de opinión- bien, o por lo menos Gold tiene intenciones de hacerlo.
-¡Esperen! –dijo Perdy de repente, no les entendía un comino y todo se veía extrañamente como una emboscada con todos rodeándole contra las tiendas, había decidido que aquel no era un lugar seguro.– ¿De qué hablan? Yo no puedo ir a ningún lado, tengo que estar aquí.
-Si te quedas aquí sólo encontrarás la muerte chico. –Dijo de pronto Diem en una voz baja y siniestra, y de repente, por un instante fugaz se vio viejo y cansado, pero esta expresión pronto se esfumó.– Es lo único que te espera allá fuera entre los senderos. Pocos son los que tienen el honor de contar que han sobrevivido a la Línea Rombel.
-No puedo irme, se consideraría una traición a La Emperatriz y a mi pueblo, no puedo hacerlo. –Argumentó Perdy.
-Eso puede arreglarse, ya te lo hemos dicho –dijo Loriant.- Además, a dónde irás después la ley de tu emperatriz no podrá juzgarte.
-¿Cómo que a donde iré después? –dijo Perdy con suspicacia.
-Es una larga historia –Dijo Diem- y no te la contaré aquí, y menos ahora, pero ya la sabrás a su tiempo, el punto es que vendrás porque te lo pedimos, no te obligaremos, pero necesitamos salvar a alguien, serás muy bien recompensado si participas con nosotros y hasta ascendido en el ejercito si eso es lo que quieres, hay un levantamiento en la Ciudad Capital, sí, en la misma Haralom –añadió al ver la cara de asombro de Perdy- y el Pacto de Ictiar nos barrerá a todos a no ser que nuestro cometido se lleve a cabo.
Aquello era más de lo que esperaba, no entendía nada de nada de lo que le estaban diciendo, salvo lo del levantamiento en Haralom, pero no había oído más que rumores y ni siquiera sabía que era en la misma Haralom, sólo que había ocurrido en algún lugar al sur del país, aunque aquello era mucho, lo pensó por un momento, hacía tiempo que estaba deseando salir de aquel infierno de frío y muerte donde cualquier día podías morir, pero no quería hacerlo de aquella forma, una huída de aquel tipo era muy peligrosa, “si los descubrían sería nuestro fin y nos decapitarían por desertores”, pensó, y por otro lado la huída sólo la había contemplado como una posibilidad, Perdy nunca la había tomado como una de sus sendas, pero aquí estaba una oportunidad, sin embargo. Desde hace mucho sabía que lo habían enviado al matadero, era cierto lo que decía Diem, muy pocos eran los que salían con vida de la Línea Rombel.
-Vamos chico, te necesitamos –Dijo Sonds- pero no rogaremos por ti, tienes aquí una posibilidad de salir de este sitio y a un lugar mejor.
Perdy observó con cuidado las palabras de los soldados, y entonces se le vino una idea a la mente y las posibilidades le asustaron, aunque le habían dicho que no le matarían ni le obligarían a nada, pero eso no era totalmente seguro.
-¿Me están ofreciéndome que me pase al otro bando? –dijo Perdy, ya seguro de que no había salida y con su mano deslizándose casi por casualidad hacia el mango de su espada que se había vuelto a encintar en cuanto le habían recibido.
Por sobre toda respuesta, Diem y Sonds soltaron una seca y breve carcajada mientras que en los labios de Jemer se dibujaba una sonrisa, Loriant por otro lado les miraba con expresión inescrutable.
-Pues... –empezó a decir Sonds- sí... y no; pero míralo de ése modo si quieres, que de momento tu no eres más que un instrumento del bando contrario al igual que tu emperatriz, aunque eso lo comprenderás mejor en un rato.
-Sí, andamos de recluta por estas tierras, -dijo Loriant- y estamos buscando a los mejores soldados, he oído que eres uno de los mejores y que te has salvado más de una vez de las peores emboscadas y los capitanes dan muy buenas referencia de ti.
-No es cierto, y además si dieran tan buenas referencias de mí ya estaría más arriba, además, no llevo más de 6 meses aquí. –replicó Perdy.
-Y no durarás más si te quedas aquí –respondió Loriant- ven chico, ¿Alguna vez has oído hablar de los Legionarios?
-Calla Loriant –Dijo Diem- este no es el lugar ni el momento para hablar sobre eso.
-No vendrá con nosotros ni ingresará si no le decimos todo.
-No podemos hacerlo y lo sabes, mucho menos decirlo “todo”.
-¿Decirme el qué?
-De los “Legionarios”. –Dijo Loriant.
-Son sólo una leyenda, nunca existieron. –Dijo Perdy, hasta donde sabía la legendaria Legión del Fenix, Ancor, Falacor y las Guerras de Elenat sólo eran un cuento, una leyenda de los extranjeros de las Tierras de Triplion.
Todos se voltearon a mirarle en ese instante, aunque no con asombro, si no más bien como si ya se lo esperaran y estuvieran cansados de oírlo, guardaron silencio por un momento mientras todos pasaban la mirada de Perdy a Diem quien parecía meditar seriamente, fue Jemer el que habló sin embargo.
-Sí existió, y nosotros podemos llevarte ante los que quedan con vida aún, es esa nuestra propuesta.
-Entonces no son ni soldados de la Emperatriz ni rebeldes si no... –Se apresuró a decir Perdy, convencido de que estaba entre unos lunáticos.
-Sí lo somos, puedes buscar mi nombre en los registros de Ambot. –Dijo Jemer.
-Escucha chico –Dijo Loriant sin hacer caso de la mirada asesina que Diem acababa de lanzarle- hemos venido para llevarte ante ellos, mandaron a por ti, entrarás a sus filas hoy y luego...
-Debimos haberle dado un poco más de tiempo. –Le cortó Diem de repente.- que pasara la noche y habláramos con él en la mañana, lo han complicado todo... esto me pasa por hacerle caso a Sonds. –terminó diciendo para sí mismo.
Perdy les contempló, evidentemente todos estaban locos y además eran rebeldes y soldados de la emperatriz juntos, o traidores quizás, por un momento pensó que hubiera estado más seguro mientras corría sin rumbo por el bosque, que allí.
-Discúlpenme señores, pero he decidido cambiar de opinión, seguiré mi camino y...
-No seas estúpido –dijo de repente Diem, parecía haberse decidido al fin y hablaba con tono autoritario.- si te vas ahora morirás allá afuera, no llegarás con vida a la atalaya más cercana y con esta niebla las tropas imperiales te matarán creyendo que eres un rebelde, mejor pasa la noche con nosotros y mañana hablaremos, si no estás de acuerdo con nosotros puedes partir, no te detendremos, pero de momento te queremos con vida hasta saber tu respuesta.
-Yo pienso... –empezó a decir Sonds.
-Yo soy el que dirige esta compañía y nadie dirá más por hoy. –le cortó Diem- mañana podremos explicarle todo, si así lo desean, pero no hoy.
Todos callaron y se limitaron a obedecer, Diem hizo señas a Perdy de que le siguiera hasta las tiendas, él lo hizo, había parte de verdad en lo que decía, y le condujo hasta una tienda que aparentemente había sido preparada para él.
-Puedes dormir tranquilo, y no intentes escapar o podrían atraparte, y así como andas vestido te matarán enseguida. –dijo Diem mientras abría la tienda y le dejaba entrar, y luego se marchó.
Lo primero que le vino a la mente a Perdy fue escapar, era lo más sensato, aquellos tipos estaban locos, pero entonces recordó las palabras de Diem y supo que tenía razón, por la ubicación que tenían debían estar del lado seguro de la línea, pero como acababan de demostrar en la emboscada, su lado no era más seguro que el contrario, recordó las palabras de Sond antes de dormirse sobre los legionarios y las leyendas que oía de niño... no, aquello no podía ser verdad, los dragones no existían y no había nadie que tuviera sangre de dragón en sus venas, y además, Elenat había sido destruida hacía mucho tiempo, y se había hundido en un cataclismo de volcanes, terremotos y maremotos, sencillamente debían estar locos, pero... y ese extraño brillo en sus ojos, tal y como lo contaban las leyendas; y mientras pensaba se quedó dormido.

***

Los puertos de Ictiar rebosaban de energía esa mañana, al igual que solía serlo durante todo el año, pero esta vez había mucha más actividad. Ictiar era la importante sede de un gran congreso, una alianza entre naciones, un pacto, sellado por todos los países de las tierras de Ambot(entre las cuelas se contaba la nación de Haralom), en total 5 países integraban el Pacto de Ictiar(Haralom, Helcart, Nodian, Triplion del Sur y Ambot del Este, llamada por los antiguos Elend) firmado siglos antes por las monarquías de aquel entonces, cuando era Ictiar la capital del Imperio, categoría que más tarde la habían dado al puerto de Haralom, más al noroeste; el pacto consistía en ayuda militar, pues si la monarquía y la ley del rey se veían en serios problemas, los países del pacto responderían con ayuda, y tras formar un consejo de guerra, enviarían toda la ayuda de que dispusieran, tanto en tropas como en armas y alimento, así había sido durante casi siglo y medio, y gracias a ese pacto Haralom fue extendiendo su poder y su grandeza, pero al mismo tiempo se estaba pudriendo por dentro, y estas serias contradicciones fueron las que terminaron por armar la guerra civil en Haralom que ya llevaba alrededor de unos 3 años, aunque el levantamiento de Soulom no llevaba mas de 6 o 7 meses, y habían resistido más que ninguno, por eso fue que de nuevo se había convocado el Pacto para que enviaran ayuda en comida y tropas, y el consejo de guerra se estaba reuniendo mientras las primeras tropas ya se estaban acantonando al sur de Ictiar.
Los ministros, cancilleres y demás delegados, así como grandes señores y comandantes de tropa, desembarcaban ya en los Puertos de Ictiar, desde lejos, se veía como un gran velero se acercaba orgulloso desde el sur donde los mares habían partido Ambot y abierto una gran brecha formando nuevos países, venía de Nodian, y un viento cálido le impulsaba presuroso por las aguas.
Gil, parado en la proa, contemplaba las lejanas costas con sus penetrantes ojos, vestía una capa gris claro, sus largos cabellos negros que le llegaban a los hombros ondeaban en el aire golpeados por la brisa, Jena le contemplaba desde la puerta de cubierta, nunca le había comprendido y parecía que nunca le comprendería, le conocía desde niña y él parecía que no había envejecido nada, seguía siendo el mismo de siempre, la misma barba veteada de gris, la misma risa sarcástica, la misma sonrisa burlona cada vez que le veía, el mismo brillo en sus ojos que nunca parecía extinguirse; desde que era niña no le había visto y de pronto al encontrárselo de nuevo lo ve exactamente igual; se fijó ella de que no tenía la espada al cinto, se la debía de haber dejado en su cama o en algún otro sitio del navío, llevaba en cambió el viejo puñal, pero en vez de simular una cruz, el asa de este tenía forma de dos grandes alas de un águila, nunca salía sin ninguno de los dos, una vieja costumbre, le había dicho cuando le había preguntado al embarcarse en Nodian.
Los puertos se acercaban y ya Jena podía distinguir a lo lejos las altas torres del castillo de Ictiar, en donde se reuniría el Pacto, era ella uno de los muchos cancilleres enviados al pacto, pues iba en representación de uno de los Reinos de Nodian, ya que Nodian no quería participar directamente y su Rey se hallaba indispuesto a tomar partido en semejante empresa, pero si alguno de los reinos que estaban bajo su mandato quería ir no lo impediría, pero tan poco les daría su apoyo.
Gil sí que sabía de qué iba la cosa; hacía mucho tiempo que había desaparecido de Nodian, cuando la pequeña Jena no tenía más de 10 años, él la había cuidado en los días difíciles en los que Nodian no tenía rey y la guerra se generalizó, pero al darse cuenta de que una vez restaurada la paz Nodian no quería ayudar a los rebeldes de Soulom, de los que el Rey era descendiente, marchó, luchó muchos años en Soulom, hasta que esta calló, y había huido y regresado al suroeste de Ambot por donde vagó mucho tiempo, pero este nuevo levantamiento, 15 años después del anterior, era esperanzador, y así fue que persuadió al Rey de Nodian de que no participara en la guerra, pero el mismo tenía que ir con Jena para que diera él el mensaje del Rey en su lugar a ellos y cuidara de Jena, su sobrina, a quien tenía en alta estima.
El barco atracó suavemente en el bullicioso puerto, Gil bajó de un salto e inspeccionó con sus ojos a su alrededor, no parecía haber nada fuera de lo normal, salvo quizás ese extraño sentimiento agitado que sentía en el ambiente, pero debía ser producto de la guerra, hacía muchos años que no se convocaba el Pacto, y esto debía crear algo de agitación en los pueblerinos y en las gentes de la enorme ciudad de Ictiar, una de las más grandes de toda Ambot, sólo superada en tamaño y esplendor por la colosal Ciudad de Haralom.
Jena era atendida por sus doncellas y sirvientes y dos de estos ya habían salido a buscar los carruajes que debían de estar esperándoles en las calles de Ictiar.
Muchos de los que se topaban con Gil se asustaban al verle, sus extrañas ropas y su aspecto de forastero, había vivido 14 años de su larga vida como un autentico lobo de mar de embarcación a embarcación en el Nuevo Mar de Ambot, sin embargo no eran malas ropas, pero su postura
Jena bajó del barco momentos después de que una carreta y un carruaje tirado por dos caballos, se apostaran junto al barco, Gil le abrió la puerta para que subiera y él entró después.
Ella no se atrevía a hablarle, apenas y le miraba, le había notado frío y distante y esto le preocupó, era casi como un padre y un hermano para ella, siempre había estado allí cuando ella era niña, y siempre había sido amable con ella, y esto le inquietaba, por eso dejaba que él hablara la mayor parte del tiempo.
-No duraremos mucho tiempo –Decía él con la mirada fija en la ventana y volteando de vez en cuando hacía ella, que no apartaba la vista de la otra ventana-, daremos el parte al Consejo de Ictiar, estaremos una semana, y luego debemos ir a la Ciudad de Haralom, la Emperatriz nos ha solicitado, bueno, a ti, pero yo debo ir, aun no sé qué es lo que desea, en fin, ya lo averiguaremos.
El carruaje dio un par de saltos mientras cruzaban en una calle poco concurrida y comenzaba su lenta ascensión hacia el Castillo de Ictiar, en donde se reuniría el pacto, a las afueras de la ciudad.
Bueno, hasta la próxima semana, les prometo el segundo capítulo y un mapa de Haralom para que se orienten entre tantos nombres de lugares que iran apareciento, iré tambien preparando una especie de apendice para que no se pierdan entre tantas cosas que mi flilpada mente ha creado xD hasta luego, y espero que alguien lo lea de verdad. Pronto lo publicaré escrito en libro.

No hay comentarios: